Fin de Cristina. Macri: esperanza para Argentina

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Con enorme algarabía y alivio por el fin del largo mandato de la  ex presidente Cristina Fernández de Kichner, quien fiel a su estilo perverso y de confrontación, de manera bochornosa y con pueril pretexto, no asistió a la ceremonia del traspaso, tampoco le puso la banda presidencial ni entregó el bastón de mando -como la tradición y protocolo exige- a su sucesor Mauricio Macri, más de la mitad de los argentinos, dejamos de sentirnos agobiados gracias a  la culminación del gobierno democrático más corrupto, populista y mendaz que hemos soportado en nuestra historia.

El kirchnerismo que gobernó doce años la Argentina, primero con Néstor Kirchner y luego por su viuda Cristina Fernández, se comportó como una asociación ilícita comandada desde el Estado para saquear los recursos del país, instauró la confrontación, la división y pelea entre la gente, manteniendo a la sociedad en estado de permanente crispación. Para ello, coadyuvaron con distintos grados de responsabilidad, una oposición timorata, jueces afectos a la molicie, la pasividad  y también desidia de parte de sectores del pueblo argentino beneficiados por espurias prebendas y planes sociales insuficientes para una subsistencia digna, pero que servían para mantener el clientelismo de los sectores más pobres.

La sociedad argentina, en un comienzo con estupor, pero después con resignación, tal vez por culpa de una justicia venal y cómplice que favoreció la impunidad, se fue acostumbrando a las mentiras descaradas del gobierno encarnada en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) , a tolerar muchos escandalosos casos de corrupción, como los que involucraron al Vice Presidente Amado Boudou, o a la titular de Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini, que eran rápidamente tapados o eclipsados por otros nuevos.

La sumisión de la Justicia y el alineamiento de muchos jueces al gobierno de turno, quedó oportunamente patentizada con el sobreseimiento apresurado del matrimonio Kirchner por enriquecimiento ilícito, dictado por el Juez Federal Norberto Oyarbide, sobre el que hubo por parte de la oposición, infructuosos pedidos de destitución por mal desempeño de sus funciones, que no pudieron prosperar por contar el magistrado con la protección gubernamental. La asunción del nuevo presidente argentino Mauricio Macri, el líder de Cambiemos, quien promete como medidas especiales, luchar contra el narcotráfico, llegar a la pobreza cero y combatir la corrupción con una Justicia independiente, conllevan la esperanza que se puedan reactivar causas judiciales írritas o con fallos fraudulentos. La designación por parte del ingeniero Macri en la Oficina Anticorrupción de Laura Alonso, Diputada de la Nación por la Ciudad de Buenos Aires, Licenciada en Ciencia Política y a la sazón amiga del Fiscal Alberto Nisman asesinado casi inmediatamente después que denunció a la ex Presidente Kirchner y el ex Canciller Héctor Timerman y otros funcionarios, por querer encubrir a Irán por el atentado a la AMIA y “fabricar la inocencia” de ex funcionarios iraníes involucrados en el ataque, robustece ese anhelo.

El triunfo de Mauricio Macri sobre el inepto candidato oficialista Daniel Scioli, quien vació las arcas del Estado de la Provincia de Buenos Aires, destinando ingentes sumas de dinero a la publicidad y no a obras de infraestructura ni a la seguridad que asola al territorio bonaerense- además de haber presentado una falaz y ridícula declaración jurada de bienes- salvó a la República Argentina de convertirse en otra Venezuela, país con el que el gobierno de Cristina Kirchner, como bien definió el ex candidato a la presidencia Sergio Masa, más que afinidad política, tenía una relación de negocios.

En la construcción política que posibilitó la victoria de Macri, tuvo un rol preponderante la diputada Elisa (Lilita) Carrió, la más lúcida y valerosa denunciante de los políticos argentinos, a quien en el 2011 la sociedad argentina castigó con el 1.8 % de votos en la elección presidencial, por decir desde hace muchos años la verdad y denunciar la corrupción. Respetada y valorada por el flamante presidente, en un gesto que la enaltece, declinó ocupar algún cargo público. Otro artífice de Cambiemos, con similar comportamiento al de Lilita es el radical Ernesto Sanz.

En los comienzos del gobierno de Néstor Kirchner, quien fue el responsable de pergeñar el “modelo” que exacerbó Cristina Fernández, el periodismo en general fue poco crítico y tolerante cuando se columbraba la incipiente corrupción. El grupo Clarín de ser socio complaciente, pasó a ser el peor enemigo del gobierno. Cabe destacar entre varios más a Jorge Lanata, el gran periodista fundador del diario Página 12, que en su programa de televisión Periodismo para Todos y Lanata Sin Filtro en radio, se erigió con sus denuncias de corrupción, en el crítico por antonomasia que hizo que mucha gente tuviera conciencia del tremendo latrocinio en el país. Como contrapartida, otros colegas, que la sociedad argentina conoce, vendieron su alma al diablo.

Cristina Kirchner que deberá enfrentar gran cantidad de denuncias penales, dejó al gobierno entrante un campo minado para que explote apenas se lo transite. Hasta el último día de su gestión hizo centenares de nombramientos y endeudó en miles de millones de pesos más al país, para perjudicar al nuevo mandatario. En la despedida de sus partidarios, que se concentraron en gran número frente a Casa Rosada, reiteró sus falacias y largas peroratas habituales, donde incluyó críticas a la Justicia, probablemente columbrando que ésta, recién se anima a actuar de manera independiente, cuando los políticos pierden el poder.