Cronología y reflexiones sobre el coronavirus

La irrupción del tristemente célebre virus Covid-19  reportado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) -probablemente de manera tardía- en diciembre de 2019 en la provincia china de Wuhan, fue conocida y anoticiada en el resto del mundo, salvo por los países vecinos, con curiosidad, mucho de indiferencia por afectar a un país lejano,  y con justificado terror por los lugareños que a diario eran infectados por una nueva variante de gripe y neumonía que se propagaba contagiosa y aceleradamente en la población, causando gran cantidad de víctimas mortales, especialmente en la franja etaria de los 60 años en adelante.

A medida que el flagelo fue avanzando y se comenzó a esparcir en China, obligando a las autoridades nacionales al aislamiento de Wuhan del resto del país para evitar el contagio generalizado, el orbe comenzó a prestarle más atención a lo que acontecía en el país asiático. Los noticieros y la prensa mundial difundían cada vez más los estragos que esa epidemia estaba causando en China-a la sazón el país más habitado del mundo con casi 1.400 millones de personas- y recogían las opiniones de expertos de la OMS y médicos infectólogos de diferentes países, que preanunciaban con indisimulada preocupación, que el nuevo virus podría expandirse a los cinco Continentes del mundo.
La premonición de los sanitaristas fue dramáticamente confirmada: el 13 de enero de 2020 las autoridades de Tailandia anunciaron que un ciudadano chino procedente de Wuhan estaba infectado por el coronavirus. Tres días después Japón reportó que un ciudadano de su país que había viajado a Wuhan, regresó enfermo por el incipiente virus. El 21 de enero, funcionarios de Washington confirmaron el primer caso en Estados Unidos. El 24 de enero se conoce el primer caso en Europa, concretamente en Francia. Así de forma gradual y progresiva, la expansión del Covid-19, que parecía circunscripta a China y eventualmente a los países fronterizos, llegó a casi todo el planeta.

A partir de entonces comenzó a preocuparse el mundo con la aparición de ése virus desconocido, que generaba  menos víctimas mortales que las producidas por las gripes convencionales, pero como contrapartida era mucho más contagioso.

Recién después de  4 meses de su aparición, el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud, alarmada por su extensión mundial, declaró al Covid-19 una pandemia.

El director de  la OMS Tedros Adhanom  el día del anuncio, expresó «En los próximos días y semanas, esperamos ver que la cantidad de casos, muertes y países afectados aumente aún más».

Adhanom exhortó a  los gobiernos a tomar «medidas urgentes y agresivas» para combatir el brote.

«Algunos países están luchando contra la falta de capacidad. Algunos países están luchando contra la falta de recursos. Algunos países están luchando contra la falta de resolución», señaló.

Agregó que la OMS les pide a todos los países:

Activar y ampliar los mecanismos de respuesta a emergencias comunicarse con las personas sobre los riesgos y cómo pueden protegerse.

Encontrar, aislar, probar y tratar cada caso de covid-19 y rastrear a las personas con las que haya estado en contacto

«No podemos decir esto en voz más alta, o más claramente, o con la suficiente frecuencia: todos los países pueden cambiar el curso de esta pandemia».

Luego de ésta breve cronología periodística y en virtud que la mayoría de la gente en el mundo está saturada por la información que le llega a través de los medios y el rol preponderante y a veces nocivo de las redes sociales que en muchos casos por incredulidad y otros por maledicencia, difunden noticias falsas que aterrorizan aún más de lo que estamos, a cientos de millones de personas en el mundo, me permito a continuación, algunas reflexiones.

Pienso que el temido Covid-19, por muchos sobre dimensionado  y por otros tantos minimizado, es un mazazo que impactó a la humanidad, y el mundo por venir será muy diferente al  que conocimos antes de su aparición.  Además de las vidas que se pierdan, el estrago que el aislamiento forzado causará en la economía mundial, especialmente en los países subdesarrollados, será devastador. A cientos de millones de personas el estilo de vida que llevaban, se les acabará abruptamente. Quedará patentizado que la corrupción política posibilitó que los pueblos quedasen inermes ante calamidades como las que nos azotan.  Se apreciará esta aseveración cuando se conozca fehacientemente que el escandaloso enriquecimiento de muchos gobernantes del mundo, fue obtenido en detrimento de las inversiones necesarias por ejemplo en la infraestructura del área de salud y educación. Económicamente, si bien no saldrán indemnes los países más ricos, serán los que sobrelleven mejor ésta peste contemporánea. Asimismo creo que el virus evidenciará lo peor y lo mejor de la conducta del ser humano.

Presenciaremos las actitudes más altruistas y solidarias de la gente; también el comportamiento malvado y egoísta de otros.

Las personas religiosas y o espirituales, estamos convencidos que nada pasa por casualidad. Somos conscientes que el comportamiento de muchos hombres dista de ser el mejor. Depredador de la naturaleza, asesina, roba, miente, genera guerras por motivos económicos o religiosos, odia, discrimina por raza, religión, sexo. Materialista acérrimo, ayudado por las pautas que dictan las sociedades de consumo, subordina todo al dinero y anhela el poder.

El virus desnuda la fragilidad del ser humano, afecta democráticamente a los más ricos del mundo como el Príncipe Carlos de Gran Bretaña, y de igual manera a cualquier pobre del Conurbano de Buenos Aires. En algunos países como Argentina, se añade al temor generalizado por el Covid-19 la amenaza del dengue transmitido por el mosquito Aedes aegypti. Tenemos que internalizar que no existe el hombre poderoso, nadie es verdaderamente dueño de su vida, sus empresas, propiedades, industrias. Sólo administrador temporal de éstas.

La repetición de una epidemia originada en China, la novena desde el año 1957 hasta el presente, en esta ocasión aparentemente originada en un mercado de venta de animales vivos en Wuhan, que incluían serpientes, murciélagos, monos, perros, y otros reptiles como se difundió en vídeos que recorrieron el mundo causó una mezcla de asco y estupor. A partir de esa hipótesis que tiene sustento, se agregaron las especulaciones y teorías conspirativas que sostienen que el virus fue creado intencionalmente en un laboratorio, para ser usado como arma bacteriológica y diezmar la población mundial, especialmente a los mayores y ancianos que no producen y generan gastos en las economías. No obstante lo atroz que parezca, esta teoría también tiene asidero.

Por mi parte pienso que esta calamidad del Covid-19 es una advertencia del Todopoderoso para que el ser humano recapacite y enmiende su conducta para posibilitar un mundo mejor del que tenemos ahora. Que reduzca su ego, entienda su vulnerabilidad, propicie el amor no el odio, la paz no la guerra, la honestidad versus corrupción, Esperemos que de las cuarentenas  obligadas en casi todas partes, que muchos ignorantes o miserables trasgreden y una gran mayoría acata, surja un aprendizaje que aleje toda visión apocalíptica y propicie un destino venturoso para toda la humanidad.